Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.
1 Juan 4:16
Hay una diferencia enorme entre saber que Dios nos ama y vivir como alguien que realmente cree que es amado.
Muchas veces decimos que confiamos en Dios, pero pasamos el día respondiendo desde el miedo. Miedo a lo que puede pasar, a no llegar, a equivocarnos, a perder algo importante. Sin darnos cuenta, esos pensamientos empiezan a ocupar cada rincón de nuestra mente y terminamos habitando un lugar que Dios nunca quiso para nosotros.
Juan dice que el que permanece en amor permanece en Dios. Permanecer es mucho más que creer; es decidir dónde vas a quedarte cuando aparecen las dudas. Porque todos vamos a enfrentar momentos de incertidumbre, pero podemos elegir si dejamos que el temor tenga la última palabra o si volvemos una vez más al amor de Dios.
Y cuando recordamos que somos profundamente amados, algo cambia. No porque desaparezcan todos los problemas, sino porque dejamos de enfrentarlos solos. El amor de Dios trae una seguridad que las circunstancias no pueden dar. Nos recuerda que Él sigue presente, que sigue cuidando de nosotros y que nuestra vida no depende del miedo, sino de sus manos.
Quizás hoy no necesitás que todo se resuelva de inmediato. Tal vez lo que más necesitás es volver a permanecer en el lugar correcto. Porque cuando hacés del amor de Dios tu hogar, el temor empieza a perder fuerza y la paz encuentra espacio para crecer.
Para pensar:
¿En qué estoy permaneciendo hoy: en mis miedos o en el amor de Dios?
Oración:
Jesús, ayudame a vivir desde la certeza de que soy amado por vos. Cuando el miedo quiera ocupar mi corazón, recordame que seguís conmigo y que puedo descansar en tu amor. Quiero permanecer en vos cada día y dejar que tu paz transforme mi manera de pensar, de hablar y de vivir.