“Si se tratara de mí, yo apelaría a Dios; ante él expondría mi caso.”
Job 5:8 (NVI)
Hay momentos en los que no entendemos por qué nos están pasando ciertas cosas. Hacemos las cosas lo mejor que podemos, intentamos caminar bien, pero aún así aparecen problemas, decepciones o situaciones que no esperábamos. Y cuando eso pasa, es fácil quedarnos mirando lo que está mal en nosotros, preguntándonos qué hicimos para merecerlo o por qué Dios permitió que sucediera.
En el libro de Job, uno de sus amigos intenta ayudarlo a entender lo que está viviendo. Aunque muchas de sus palabras necesitan ser leídas dentro de toda la historia de Job, hay algo que podemos rescatar de este capítulo: “Si yo estuviera en tu lugar, me acercaría a Dios”.
Y quizás eso es justamente lo que necesitamos recordar.
Cuando no entendemos lo que está pasando, podemos alejarnos de Dios, llenarnos de preguntas o intentar encontrar todas las respuestas por nuestra cuenta. Pero también podemos hacer lo contrario: volver a Dios. Acercarnos a Él incluso cuando no tenemos claro qué está haciendo.
Job 5:17-19 dice:
“¡Cuán dichoso es el hombre a quien Dios corrige! No menosprecies la disciplina del Todopoderoso. Porque él hiere, pero venda la herida; golpea, pero sana con sus manos. De seis aflicciones te rescatará y la séptima no te causará ningún daño.”
A veces pensamos que para acercarnos a Dios tenemos que tener todo en orden. Como si primero tuviéramos que dejar de equivocarnos, aprender a hacerlo todo bien y recién entonces poder acercarnos. Pero cuando vivimos mirándonos todo el tiempo, es fácil terminar frustrados porque siempre encontramos algo que mejorar.
La mirada cambia cuando dejamos de poner el foco solamente en nosotros y volvemos a ponerlo en Jesús.
No se trata de alcanzar una perfección que nunca vamos a conseguir por nuestras propias fuerzas. Se trata de seguir acercándonos a Dios, dejar que Él nos enseñe, nos corrija y transforme aquello que todavía necesita cambiar.
Eso también significa confiar cuando no entendemos. Van a existir momentos difíciles y preguntas que quizás no tengan una respuesta inmediata. Pero no necesitamos tener el control de todo para seguir confiando en quien sí lo tiene.
Dios sigue siendo Dios cuando las cosas salen como esperábamos y también cuando no. Podemos llevarle nuestras dudas, nuestro dolor y nuestras preguntas. Podemos exponer delante de Él lo que estamos viviendo y, al mismo tiempo, descansar en que Él sabe más que nosotros.
Quizás hoy no necesitás exigirte más. Quizás necesitás volver a Dios.
Volver a mirarlo a Él en lugar de quedarte atrapado mirando tus errores. Volver a confiar en su proceso. Volver a acercarte, incluso con preguntas. Porque cuando nuestra mirada está puesta en Jesús, dejamos de vivir intentando demostrar que somos suficientes y empezamos a vivir desde la confianza de que Él todavía está trabajando en nosotros.
Oración:
Señor, hoy quiero volver a acercarme a vos. Ayudame a no quedarme atrapado en mis errores ni en todo lo que todavía me falta. Cuando no entienda lo que estoy viviendo, enseñame a confiar en que vos seguís teniendo el control. Corregime cuando lo necesite, cambiá lo que tenga que cambiar en mí y ayudame a no resistirme a tu proceso. Quiero dejar de exigirme ser perfecto y aprender a mirarte más a vos. Gracias porque puedo acercarme a vos tal como estoy y confiar en que tus manos también saben sanar, restaurar y transformar.