“Porque Dios no muestra favoritismo.”
Romanos 2:11 (NVI)
Vivimos en un mundo en el que constantemente nos comparamos. Miramos lo que otros tienen, las oportunidades que reciben, las capacidades que parecen tener o las cosas que están logrando. Y, sin darnos cuenta, podemos comenzar a pensar que algunas personas tienen un lugar más especial que otras.
Incluso podemos llegar a pensar así acerca de Dios.
Quizás vemos cómo Dios obra en la vida de alguien más y nos preguntamos por qué nosotros todavía estamos esperando. Vemos a alguien avanzar y pensamos que Dios le dio más oportunidades. Vemos sus capacidades y creemos que nosotros tenemos menos para ofrecer.
Y poco a poco puede aparecer una pregunta en nuestro corazón: ¿Dios tendrá favoritos?
La Biblia responde de una manera clara:
“Porque Dios no muestra favoritismo.”
Dios no ama más a una persona porque tenga más recursos, más talentos o más reconocimiento. No escucha solamente a quienes parecen tener una gran fe. No utiliza únicamente a quienes tienen una historia perfecta.
Dios mira mucho más allá de lo que nosotros podemos ver.
Y quizás eso es algo que necesitamos recordar.
Muchas veces pensamos que para que Dios nos use necesitamos tener más. Más capacidad, más experiencia, más recursos o más seguridad. Pero cuando miramos la Biblia, encontramos una y otra vez a Dios obrando a través de personas que, desde una perspectiva humana, no parecían tener todo lo necesario.
Dios nunca estuvo limitado por lo poco que alguien tenía.
Él puede hacer mucho con poco.
1 Pedro 1:17
“Ya que invocan como Padre al que juzga con imparcialidad las obras de cada uno, vivan con temor reverente mientras sean peregrinos en este mundo.”
Pedro nos recuerda que Dios no hace distinciones basadas en las apariencias. Él no nos mira como muchas veces nos miramos nosotros mismos o como nos compara el mundo.
Dios conoce nuestra historia.
Conoce nuestras luchas.
Conoce aquello que nadie más ve.
Y también conoce el propósito que tiene para cada uno de nosotros.
El problema de compararnos es que comenzamos a mirar tanto la vida de los demás que dejamos de prestar atención a lo que Dios quiere hacer en la nuestra.
Quizás alguien está viviendo algo que vos también soñás. Quizás otra persona recibió una oportunidad que todavía estás esperando. Pero eso no significa que Dios se haya olvidado de vos.
Tu proceso puede ser diferente sin ser menos importante.
Tu camino puede ser distinto sin estar equivocado.
No necesitás tener lo que otra persona tiene para cumplir el propósito que Dios tiene para tu vida.
Eso también significa aprender a dejar de vivir buscando la aprobación de los demás. No necesitamos demostrar que somos más importantes, más capaces o más espirituales que alguien.
Podemos descansar en que Dios nos conoce y sabe exactamente quiénes somos.
Quizás hoy necesitás dejar de mirar tanto hacia los costados.
Dejar de compararte.
Dejar de pensar que Dios ama o puede usar más a otros que a vos.
Volver a mirar lo que Dios puso en tus manos y preguntarte qué quiere hacer con eso.
Cuando dejamos de compararnos, podemos empezar a vivir con gratitud. Dejamos de sentir que somos menos y comenzamos a reconocer que Dios también está escribiendo una historia con nuestra vida.
Dios no tiene favoritos.
Él conoce tu nombre.
Conoce tu proceso.
Conoce tus tiempos.
Y aunque quizás hoy no veas todo lo que Él está haciendo, podés confiar en que tu vida también está en Sus manos.
No necesitás compararte para tener valor.
No necesitás competir para ser visto.
No necesitás demostrar que sos suficiente para acercarte a Dios.
Porque Él ya te conoce.
Y todavía está trabajando en tu vida.
Oración:
Señor, gracias porque con vos no hay favoritismos. Perdón por las veces que me comparé con otras personas y pensé que mi vida tenía menos valor o que vos podías hacer menos conmigo. Ayudame a dejar de mirar constantemente lo que otros tienen y a confiar en el propósito que tenés para mí. Gracias porque conocés mi historia, mis luchas y también mis sueños. Enseñame a valorar lo que pusiste en mis manos y a confiar en que seguís trabajando en mi vida. Quiero dejar de compararme y aprender a caminar con gratitud, sabiendo que también soy visto, amado y sostenido por vos. Amén.