“Llegando al lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: —Zaqueo, baja enseguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa. Así que se apresuró a bajar y, muy contento, recibió a Jesús en su casa.”. Lucas 19:5-6
Los problemas, las dificultades, hacen que nos vayamos sintiendo solos, aislados.
Lo maravilloso de compartir, es que nos hace ver que no estamos solos. Alguien me da de su tiempo, de su ayuda.
En un mundo materialista, las cosas parecen tener más valor que las personas.
Muchos encuentran difícil dar de lo suyo al que necesita. Se pierden la alegría que significa compartir.
Nos humaniza, nos conecta al otro, pero también nos conecta con Dios.
Zaqueo necesitaba desesperadamente de Dios y Jesús ¡Se invitó solo a su casa!
El hombre no dudó y llevó contento a Jesús a su casa.
Jesús quería compartir con Zaqueo la buena noticia de Dios. Pasar tiempo es compartir amor.
Jesús hoy te dice: quiero ir a tu casa.
Que buena noticia, que el Dios de todo el Universo, quiera ir a tu casa, a tu familia.
Dios ha visto tu problema, tu necesidad y hoy te dice: quiero ir a tu casa.
Puede que no traigamos gente a casa porque “hay que ordenar, hay que limpiar, el perro”.
Pero no le pongamos trabas a Jesús. Muchos dicen “no es el momento, no necesito tanto de Dios, puedo solo, no estoy listo todavía”…
Simplemente digamos: Jesús vení a mi casa, vení a mi familia.
Jesús te ama y quiere compartir su vida con vos.
Compartir se forma con dos palabras del latín: Com (junto, con) Partiri (dividir, partes). Es repartir con alguien.
“Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciéndoles: —Tomen y coman; esto es mi cuerpo. Mateo 26:26
Cuando Jesús viene a mi vida, Él comparte; partió su vida, me da de Él mismo.
Jesús no tiene un sapo en la barriga, Él viene a compartir de lo que tiene.
Veamos 3 cosas que Jesús nos comparte cuando llega a nuestra vida
LO PRIMERO QUE JESÚS NOS COMPARTE ES PAZ
Muchas cosas quieren robarnos la paz.
Incertidumbre por el futuro, diagnósticos, problemas en la familia, llegar a fin de mes.
Parece que los problemas nos aíslan, nos ahogan.
Personas que no pueden dormir, se despiertan aterrados.
Jesús nos dice:
“La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.” Juan 14:27
La paz que el mundo ofrece se basa en garantías temporales y cambiantes (el dólar, un gobierno, la salud, promesas de personas.).
La paz que Jesús te da se basa en una garantía eterna e inamovible: Dios es dueño de todo, y te ama.
Marcos 4 nos muestra que Jesús tiene el poder de calmar las tormentas de la vida y traer calma. Así lo hizo con sus discípulos en la barca. Se hundían, pero el calmó los vientos y vino la paz.
Tal vez sientas que te estás hundiendo, que no hay salida.
Pero Jesús te dice como a Zaqueo, yo tengo que estar en tu casa.
Jesús quiere traer paz, una paz que no se entiende, solo se recibe.
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” Isaías 26:3
Que hermoso es experimentar esa PAZ COMPLETA.
Confiar en que Dios tiene cuidado de nosotros, cuando vengan pensamientos de temor, esforzate en recordar que Dios te ama y todo saldrá adelante.
LO SEGUNDO QUE JESÚS NOS COMPARTE ES AL PADRE
Vivimos en tiempos de desconexión emocional en los que podemos estar rodeados pero sentirnos solos.
Jesús viene a compartirnos algo que Él tiene, al Padre.
“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” Juan 14:18
La desprotección y el desamparo forma en nosotros un carácter duro, nos obliga a ser autosuficientes, es difícil confiar. Jesús viene a tu casa a compartir del Padre.
En la antigüedad, las personas se presentaban cómo: Jesús, hijo de José. Simón hijo de Jonás…
La figura del Padre define nuestro origen, daba identidad.
La pérdida de los padres, o no haber tenido una relación sana, puede impactar en nuestra identidad. “¿Y ahora? Estoy solo.”
Jesús quiere compartirte al Padre. Dios te da un origen y un futuro y una identidad.
No estar solo frente al mundo, tu Padre te ama y caminás en su cuidado.
LO TERCERO QUE JESÚS NOS COMPARTE ES A NOSOTROS
Dijimos que Jesús comparte a otros de lo que Él tiene.
¿Será que Jesús tiene mi vida en sus manos para poder compartirla con otros?
Es hacer el tiempo para dar de lo que Dios ya me ha dado.
Paz, Esperanza, Salvación, Amistad.
El amor se muestra en acciones, y compartir momentos con otros muestra el amor de Dios.
Jesús le dijo a Zaqueo:
—Zaqueo, baja enseguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa. Lucas 19:5
Es tiempo de entrar en la vida de las personas.
Generar los momentos. No hacen falta cenas ceremoniosas y organizadas.
Unos mates, un bizcochuelo, excusas para poder compartir lo que Dios puso en tu vida.
Escucharlos, hacerlos sentir valorados y compartir de Jesús.
Muchos tienen vergüenza por donde viven, no se sienten cómodos.
Las plazas, los cafés, tu casa, pueden ser lugares donde Dios se revele al corazón de las personas a través de tu amor.
Jesús dejó el cielo donde todo era adoración y espiritual, para venir la tierra a hacerse amigo de los pecadores. Jesús compartió con aquellos que no pensaban como él.
El fin era compartir su vida con nosotros para ganar nuestro corazón.
Dios va a sorprenderte si te animás a abrirte a las personas.
Los trabajos, las escuelas, centros culturales, universidades, la empresa de transporte, el almacén… no son lugares para hacer cultos, pero sí son lugares para hacer nuevos amigos.
Así hacía Jesús, así lo sigue haciendo.
Muchos ha sido juzgados por mucho tiempo, como Zaqueo.
Jesús te llevará a compartir con ellos sanidad, perdón y reconciliación de Dios.
Jesús ya no dice “tengo que ir a tu casa” sino que ahora dice “TENEMOS” que ir a tu casa, porque te va a llevar a vos también.
Hoy Jesús les está diciendo a tus cinco amigos por los que estás orando: “tenemos que ir a tu casa”. Ellos van a abrirte la puerta y Jesús llenará de vida ese lugar.
Compartamos de lo que Jesús ya nos dió.