Vivimos en un mundo roto.
Un mundo donde existe violencia, injusticia, abuso, enfermedad, ansiedad, familias que se rompen y sueños que se derrumban.
Frente a esta realidad, tarde o temprano todos nos hacemos la misma pregunta:
¿Cómo seguimos adelante cuando las cosas parecen ir en dirección contraria a lo que Dios prometió?
Es fácil creer que Dios tiene un propósito cuando todo sale bien. Es fácil hablar de fe cuando las puertas se abren y los milagros llegan. Pero ¿qué hacemos cuando la vida duele? ¿Qué hacemos cuando las oraciones parecen no tener respuesta? ¿Qué hacemos cuando la realidad no se parece a lo que imaginábamos?
Muchas personas llegan a pensar que, si las cosas se complicaron, entonces Dios las abandonó. Como si la dificultad fuera una señal de ausencia divina. Como si los problemas pudieran detener los planes de Dios.
Sin embargo, la carta a los Filipenses nos muestra una verdad diferente.
Filipenses 1:12-14
"Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio. Es más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo. Gracias a mis cadenas, ahora más que nunca la mayoría de los hermanos, confiados en el Señor, se han atrevido a anunciar sin temor la palabra de Dios."
Cuando Pablo escribió estas palabras estaba preso, encadenado y esperando un juicio que incluso podía costarle la vida. Sin embargo, desde una cárcel escribió una de las cartas más llenas de esperanza del Nuevo Testamento.
Había comprendido una verdad fundamental:
Las circunstancias pueden cambiar, pero el propósito de Dios permanece.
1. El propósito es más grande que las circunstancias
Si alguien hubiera observado la situación de Pablo desde afuera, probablemente habría concluido:
"Pablo está preso. Su ministerio se detuvo."
Esa suele ser nuestra forma de pensar.
Perdemos un trabajo, enfrentamos una enfermedad, una puerta se cierra o algo no sale como esperábamos, y concluimos que Dios puso pausa a sus planes.
Pero Pablo observa exactamente la misma situación y llega a la conclusión opuesta: "Lo que me ha sucedido ha contribuido al avance del evangelio."
Pablo entendió algo que muchas veces olvidamos:
Dios no depende de las circunstancias para cumplir su propósito.
Nosotros vemos obstáculos; Dios ve oportunidades.
Nosotros vemos problemas; Dios ve plataformas.
Nosotros vemos finales; Dios ve comienzos.
La cárcel se convirtió en un nuevo campo misionero. Las cadenas se transformaron en testimonio. Lo que parecía una derrota terminó siendo una expansión del Reino.
Esta perspectiva tiene su fundamento en la vida de Jesús.
Cuando Jesús fue arrestado, juzgado y crucificado, muchos pensaron que todo había terminado. Sin embargo, la cruz no fue una interrupción del plan de Dios; era el plan de Dios.
Lucas 24:26
"¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria?"
La cruz parecía una derrota, pero se convirtió en la victoria más grande de la historia.
A lo largo de toda la Biblia encontramos este mismo patrón:
- José fue vendido por sus hermanos, pero el propósito siguió avanzando.
- Moisés pasó cuarenta años en el desierto, pero el propósito siguió avanzando.
- David fue perseguido por Saúl, pero el propósito siguió avanzando.
- Jesús fue crucificado, y el propósito siguió avanzando.
- Pablo fue encarcelado, y el propósito siguió avanzando.
Las circunstancias difíciles no significan ausencia de Dios.
Romanos 8:28
"Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito."
Dios continúa obrando aun cuando no podemos verlo.
2. El propósito es más importante que la comodidad
Pablo menciona que algunas personas predicaban a Cristo con motivaciones equivocadas, buscando beneficio personal.
Lo sorprendente es que Pablo no centra su atención en defenderse ni en proteger su reputación. Su respuesta es: "¿Qué importa? Al fin y al cabo, y sea como sea, con motivos falsos o con sinceridad, se predica a Cristo."
Pablo había comprendido que el propósito de Dios es más importante que la comodidad personal.
Cuando el propósito se convierte en la prioridad, dejamos de vivir para nosotros mismos y comenzamos a vivir para Cristo.
Jesús es el ejemplo perfecto de esta verdad.
Él tenía toda la gloria del cielo, pero dejó su comodidad para cumplir el propósito del Padre.
Lucas 22:42:
"No se cumpla mi voluntad, sino la tuya."
Juan 4:34:
"Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió."
La comodidad pregunta:
- ¿Qué me conviene?
- ¿Qué me hace sentir bien?
- ¿Qué quiero yo?
El propósito pregunta:
- ¿Qué glorifica a Dios?
- ¿Qué hace avanzar el Reino?
- ¿Qué quiere Jesús?
Muchas veces queremos propósito sin sacrificio, llamado sin entrega e impacto sin costo.
Sin embargo, el Evangelio nunca prometió comodidad; prometió propósito.
Las personas más influyentes de la Biblia no fueron necesariamente las más cómodas, sino las más entregadas.
El Reino avanza cuando hombres y mujeres deciden decir como Jesús: "No se haga mi voluntad, sino la tuya."
3. El propósito vale toda una vida
Filipenses 1:20-21:
"Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia."
Este es el corazón de toda la carta.
Lo que sostenía a Pablo no era una actitud positiva ni una forma optimista de ver la vida.
Lo sostenía una Persona: Cristo.
Por eso afirma: "Para mí el vivir es Cristo."
No dice:
- Para mí el vivir es el ministerio.
- Para mí el vivir es la iglesia.
- Para mí el vivir es predicar.
- Para mí el vivir es cambiar el mundo.
Dice: "Para mí el vivir es Cristo."
Cuando Cristo es el centro, todo lo demás encuentra su lugar.
El propósito de Dios no consiste principalmente en hacer algo para Él, sino en vivir para Él.
Es posible estar muy ocupado haciendo actividades cristianas y aun así perder de vista a Cristo.
Pero el propósito más grande de Dios para cada persona nunca ha sido una plataforma, una posición o una tarea.
Siempre ha sido Jesús.
La pregunta más importante no es cuánto tiempo vamos a vivir, sino para quién vamos a vivir.
Vivimos en una cultura preocupada por agregar años a la vida, pero Dios está interesado en agregar propósito a esos años.
Solo Cristo puede sostener el peso de una vida entera.
Solo Cristo puede darle sentido al dolor.
Solo Cristo puede acompañarnos en medio de las tormentas.
Solo Cristo puede sostenernos hasta el final.
Cuando escuchamos la palabra "propósito", muchas veces pensamos en algo extraordinario: predicar a multitudes, viajar por el mundo o realizar grandes obras.
Sin embargo, el propósito de Dios es mucho más profundo y cotidiano de lo que imaginamos.
El propósito de Dios no comienza en una plataforma; comienza en una relación.
No empieza cuando alguien recibe reconocimiento o visibilidad. Empieza en la vida diaria.
Empieza al trabajar con integridad.
Empieza al amar a la familia.
Empieza al tomar decisiones que honran a Dios.
Empieza cuando nadie está mirando.
La mayoría de las personas no viven momentos extraordinarios todos los días. Viven días comunes.
Y es precisamente allí donde se desarrolla el propósito de Dios.
El propósito de Dios no consiste solamente en hacer algo para Él.
Consiste en que Cristo sea el centro de cada área de la vida:
- El centro del matrimonio.
- El centro de las decisiones.
- El centro de las conversaciones.
- El centro de las finanzas.
- El centro de los sueños.
- El centro de las preocupaciones.
El propósito de Dios no se mide por cuántas personas nos ven.
Se mide por cuánto de Cristo se refleja en nosotros.
Porque cuando Cristo se convierte en el centro de la vida, ninguna circunstancia puede detener el propósito de Dios.