Filipenses 4:1
"Así que, hermanos míos amados y queridos, alegría y corona mía, manténganse así, firmes en el Señor, queridos hermanos." (NVI)
Durante esta serie hemos recorrido la carta a los Filipenses aprendiendo qué significa permanecer.
Aprendimos a permanecer en el propósito de Dios, a permanecer unidos y a permanecer enfocados en Cristo. Ahora, al llegar al final de la carta, Pablo nos deja una última exhortación:
"Manténganse firmes en el Señor."
La vida cristiana no consiste solamente en comenzar bien; consiste en permanecer hasta el final.
Vivimos en una cultura donde todo parece ser temporal. Cambiamos de proyectos, compromisos o relaciones cuando dejan de ser cómodos o cuando aparecen las dificultades. Sin darnos cuenta, podemos trasladar esa misma mentalidad a nuestra fe.
Cuando todo marcha bien, permanecemos. Pero cuando llegan las pruebas, las dudas o el dolor, aparece la tentación de abandonar.
Sin embargo, el Evangelio nos llama a algo diferente.
Jesús dijo:
Juan 15:4
"Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes."
El fruto no nace del entusiasmo de un momento, sino de la permanencia.
La imagen de un árbol nos ayuda a entender esta verdad. Un árbol atraviesa vientos, tormentas e inviernos, pero permanece firme porque sus raíces son profundas.
Dios no promete una vida sin dificultades. Su deseo es formar personas que permanezcan firmes en medio de ellas.
Las raíces profundas no eliminan las tormentas; hacen que las tormentas ya no puedan derribarnos.
1. Permanecer desarrolla raíces profundas
Filipenses 4:2-3
"Ruego a Evodia y a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor."
Es significativo que Pablo termine una carta llena de enseñanzas profundas hablando de un conflicto entre dos personas de la iglesia.
Esto nos recuerda que la vida cristiana no se vive solamente en teoría, sino también en las relaciones.
Tarde o temprano todos enfrentaremos diferencias, heridas, decepciones o conflictos.
El conflicto no es el problema.
La verdadera pregunta es cómo respondemos cuando aparece.
El mundo muchas veces propone alejarnos cuando surgen las dificultades.
El Evangelio propone permanecer.
Pablo no invita a Evodia y a Síntique a separarse, sino a reconciliarse en el Señor.
¿Por qué?
Porque aquello que las unía era mucho más grande que aquello que las separaba.
Lo mismo ocurre con nosotros.
Podemos tener distintas personalidades, opiniones, historias o generaciones, pero compartimos un mismo Señor.
Colosenses 3:13
"Sopórtense unos a otros y perdónense si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes."
La madurez espiritual no consiste en evitar los conflictos, sino en aprender a amar, perdonar y permanecer cuando llegan.
Jesús dijo:
Juan 13:35
"En esto conocerán todos que son mis discípulos: si se aman los unos a los otros."
No dijo que nunca habría diferencias.
Dijo que el amor sería la evidencia del discipulado.
Las personas con raíces superficiales son movidas por cualquier crítica, decepción o herida.
Quienes permanecen en Cristo desarrollan raíces profundas.
Aprenden a perdonar.
Aprenden a extender gracia.
Aprenden a caminar junto a personas imperfectas, recordando que ellos mismos viven por la gracia de Dios.
Las raíces profundas producen madurez.
2. Permanecer produce estabilidad
Filipenses 4:6-7
"No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús."
El segundo fruto de permanecer en Cristo es la estabilidad.
Permanecer no significa dejar de atravesar tormentas, sino aprender a no ser arrastrados por ellas.
Vivimos en una época marcada por la ansiedad.
Ansiedad por el futuro.
Por la economía.
Por el trabajo.
Por la familia.
Por aquello que todavía no ha sucedido.
Lo sorprendente es que Pablo escribe estas palabras mientras está preso.
Sus circunstancias no eran fáciles.
Sin embargo, invita a vivir sin ansiedad porque había aprendido que la paz de Dios no depende de las circunstancias, sino de la relación con Cristo.
Jesús dijo:
Mateo 11:28-29
"Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso."
Jesús no prometió una vida sin cargas.
Prometió descanso en medio de ellas.
Muchas veces la ansiedad nace cuando intentamos controlar aquello que solamente Dios puede sostener.
Pablo propone un camino diferente:
- Orar.
- Entregar nuestras cargas.
- Confiar.
- Descansar en Dios.
1 Pedro 5:7
"Depositen en Él toda ansiedad, porque Él cuida de ustedes."
La estabilidad no proviene de que todo esté bajo nuestro control.
Proviene de permanecer conectados a Cristo.
Como el árbol plantado junto a corrientes de agua, las estaciones cambian, pero sus raíces permanecen unidas a la fuente.
La paz de Dios guarda el corazón de quienes permanecen en Él.
Permanecer en Cristo produce estabilidad.
3. Permanecer produce fruto
Filipenses 4:11-13
"He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre... Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."
Si permanecer desarrolla raíces y produce estabilidad, también produce fruto.
Las raíces no existen para quedarse ocultas, sino para sostener una vida que dé fruto.
Pablo dice: "He aprendido..."
La madurez espiritual no ocurre de un día para otro.
Se forma a lo largo del tiempo.
Se aprende en la abundancia.
Se aprende en la escasez.
Se aprende en las victorias y también en las pruebas.
La satisfacción de Pablo no dependía de sus circunstancias, sino de Cristo.
Vivimos en una cultura que promete felicidad cuando cambien nuestras circunstancias.
El Evangelio enseña algo distinto:
La verdadera satisfacción se encuentra en permanecer arraigados en Cristo.
Cuando Pablo afirma: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."
No está diciendo que podrá lograr cualquier objetivo personal.
Está afirmando que puede atravesar cualquier circunstancia porque Cristo es quien le da fuerzas.
Puede vivir en abundancia sin olvidar quién es su proveedor.
Puede atravesar tiempos de necesidad sin perder la esperanza.
Puede enfrentar el sufrimiento sin abandonar la fe.
Porque su fortaleza no proviene de sí mismo, sino de Cristo.
Jesús enseñó esta misma verdad:
Juan 15:4-5
"Permanezcan en mí... separados de mí no pueden hacer nada."
El fruto no es el resultado del esfuerzo humano.
Es el resultado de permanecer unidos a Cristo.
Y ese fruto siempre bendice a otros.
Nuestra paz fortalece a quienes nos rodean.
Nuestra fidelidad inspira a otros.
Nuestra perseverancia anima a quienes están luchando.
Nuestra integridad refleja el carácter de Cristo.
Salmo 1
"Es como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y cuya hoja no cae."
El árbol no vive desesperado buscando agua.
Permanece plantado.
Tiene raíces profundas.
Y precisamente porque permanece, da fruto.
La autoridad espiritual no nace del talento.
Nace de una vida que ha permanecido fiel a Cristo a lo largo del tiempo.
El fruto revela dónde están nuestras raíces.
Quien permanece en Cristo inevitablemente dará fruto, porque la vida de Jesús comenzará a manifestarse a través de él.
Al finalizar la carta a los Filipenses encontramos un llamado sencillo, pero profundo:
Permanezcan firmes en el Señor.
Dios no promete una vida sin tormentas.
Promete estar presente en medio de ellas.
Quienes permanecen desarrollan raíces profundas.
Encuentran estabilidad aun en tiempos difíciles.
Y producen un fruto que bendice a quienes los rodean.
La vida cristiana no se trata de vivir emociones pasajeras.
Se trata de caminar cada día con Cristo.
De confiar cuando no entendemos.
De permanecer cuando sería más fácil abandonar.
Porque el fruto más hermoso no es el éxito visible, sino una vida que permaneció fiel a Jesús durante los años.