En el mes de agosto estamos recorriendo juntos 1 y 2 Tesalonicenses a través de la serie “Siempre Más”. La vida con Jesús nunca es estática: cuando lo conocemos, comienza un proceso en el que Dios transforma nuestra manera de pensar, vivir, relacionarnos y mirar a los demás. Siempre hay un siguiente paso. Siempre hay algo más.
La semana pasada hablamos de Más Fe: una fe que se ve, que permanece en medio de las pruebas y que termina impactando a otros. Hoy hablamos de Más Amor.
Pero el amor cristiano no es solamente un sentimiento. Es fácil decir “amo a alguien”; lo difícil es amar cuando cuesta, cuando no nos entienden, cuando nos lastimaron o cuando no recibimos nada a cambio.
Pablo les escribe a los tesalonicenses, una iglesia que ya amaba, y les dice:
“En cuanto al amor fraternal, no necesitan que les escribamos, porque Dios mismo les ha enseñado a amarse unos a otros. Y, en efecto, ustedes aman a todos los hermanos que viven en Macedonia. Sin embargo, hermanos, les animamos a hacerlo cada vez más.”
1 Tesalonicenses 4:9-10 NVI
Pablo no les dice que no están amando suficiente. Les dice: “Ya aman, pero todavía pueden crecer.”
1. EL AMOR SE APRENDE
Pablo dice:
“Dios mismo les ha enseñado a amarse unos a otros.”
1 Tesalonicenses 4:9 NVI
Amar como Jesús ama no nos sale naturalmente. Es fácil amar a quienes nos quieren, nos entienden y piensan como nosotros. Pero amar a quienes nos decepcionaron, nos lastimaron o piensan diferente requiere aprender de Jesús.
Por eso Jesús dijo:
“Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen.”
Mateo 5:44 NVI
El amor cristiano no depende solamente de lo que sentimos por alguien, sino de lo que Dios está formando en nosotros.
Cada vez que perdonamos cuando podríamos guardar rencor, servimos aunque nadie agradezca, escuchamos en lugar de responder mal o elegimos acercarnos en lugar de alejarnos, estamos aprendiendo a amar.
El amor bíblico es más profundo que un sentimiento. Es decidir tratar a las personas como Jesús las trataría.
Y podemos hacerlo porque Jesús nos amó primero.
“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Romanos 5:8
Jesús no esperó que cambiáramos para amarnos. No esperó que lo mereciéramos. Nos amó primero.
Cuando comprendemos cuánto hemos recibido de Dios, dejamos de medir nuestro amor por lo que las personas merecen y comenzamos a amar desde lo que nosotros hemos recibido de Cristo.
2. EL AMOR SE DEMUESTRA
Pablo dice que los tesalonicenses amaban a los demás, y ese amor podía verse.
“Ustedes aman a todos los hermanos…”
1 Tesalonicenses 4:10 NVI
El amor verdadero no se queda en palabras.
“No amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.”
1 Juan 3:18 NVI
El amor se demuestra especialmente en lo cotidiano: escuchar aunque estemos cansados, pedir perdón aunque creamos tener razón, perdonar aunque todavía duela, servir cuando no tenemos ganas y elegir una respuesta amable cuando podríamos lastimar.
También debe verse dentro de la iglesia. Podemos hablar de gracia, pero necesitamos mostrar gracia. Podemos decir que amamos a Dios, pero nuestro amor también debe reflejarse en la manera en que tratamos a las personas.
Jesús dijo:
“De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.”
Juan 13:35 NVI
Nuestra vida tiene que ser coherente con lo que decimos creer. No significa ser perfectos, sino ser verdaderos: reconocer cuando nos equivocamos, pedir perdón, volver a intentarlo y seguir aprendiendo de Jesús.
La gente escucha lo que decimos, pero también observa cómo vivimos.
El amor verdadero no necesita anunciarse todo el tiempo. Se nota.
3. EL AMOR SIEMPRE PUEDE CRECER
Pablo vuelve a decir:
“Les animamos a hacerlo cada vez más.”
1 Tesalonicenses 4:10 NVI
Ese es el corazón de “Siempre Más”.
La madurez no significa llegar a un punto en el que ya no tenemos nada que aprender. El amor puede seguir creciendo: más paciencia, más perdón, más generosidad, más compasión y más disposición para acercarnos a otros.
Pablo también oró por los filipenses:
“Que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio.”
Filipenses 1:9 NVI
Quizás crecer en amor no significa hacer algo extraordinario. Tal vez significa hacer algo sencillo que hace tiempo sabemos que debemos hacer: mandar un mensaje, pedir perdón, perdonar, acercarnos, escuchar, servir o dar una nueva oportunidad.
Pedro dice:
“Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.”
1 Pedro 4:8 NVI
Amar profundamente significa aprender a mirar más allá del error de una persona y seguir reconociendo su valor.
Por eso, una pregunta que podemos llevarnos es: ¿A quién puedo amar un poco más?
Si Dios nos está formando para parecernos cada vez más a Jesús, también nos está enseñando a amar cada vez más como Él.
Pablo les dijo a los tesalonicenses: “Les animamos a hacerlo cada vez más.”
Y esa invitación también es para nosotros.
Siempre hay más:
- Más paciencia.
- Más perdón.
- Más servicio.
- Más generosidad.
- Más oportunidades para acercarnos a otros.
- Más oportunidades para amar como Jesús.
Pero ¿de dónde sacamos ese amor cuando hay personas que nos cuesta amar, heridas que todavía duelen o situaciones que nos siguen afectando?
La respuesta está en la fuente de nuestro amor.
“Nosotros amamos porque él nos amó primero.”
1 Juan 4:19 NVI
No amamos para que Jesús nos ame. Amamos porque Jesús ya nos amó.