“Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.”
Génesis 26:12
Génesis 26 comienza en medio de una situación difícil:
“Hubo hambre en la tierra…”
Isaac estaba atravesando un tiempo de escasez. Humanamente, parecía lógico buscar un lugar más seguro, pero Dios le dijo que no descendiera a Egipto.
Mientras las circunstancias decían “no se puede”, Dios estaba diciendo:
“Confiá.”
“Quedate.”
“Sembrá.”
Isaac decidió creerle a Dios y sembró aun cuando el contexto no parecía favorable.
Muchas veces esperamos que las condiciones sean perfectas para obedecer, avanzar o comenzar algo nuevo.
Pero la fe no siempre siembra cuando las condiciones son buenas.
La fe siembra porque Dios habló.
Si queremos mejores cosechas, vamos a tener que cambiar la semilla.
Hoy vamos a aprender tres características de la siembra con buena semilla.
1. LA BUENA SEMILLA PRODUCE VIDA
La Biblia dice:
“Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.”
Génesis 26:12
Isaac sembró en medio del hambre.
No porque las condiciones fueran favorables, sino porque Dios había hablado y él decidió obedecer.
La buena semilla comienza con la obediencia.
Dios habló.
Isaac creyó.
Isaac obedeció.
Dios produjo la cosecha.
Nuestra vida está llena de semillas.
Una oración es una semilla.
Perdonar es una semilla.
Tomar una decisión correcta es una semilla.
Dar un paso de fe es una semilla.
Cuidar nuestro corazón es una semilla.
Honrar a Dios es una semilla.
Todos los días estamos sembrando algo.
- Podemos sembrar miedo o fe.
- Resentimiento o perdón.
- Queja o gratitud.
- Desobediencia u obediencia.
- Por eso tenemos que preguntarnos:
¿Qué cosecha estás teniendo?
¿Qué cosecha estás esperando?
¿Qué semilla estás sembrando?
No podemos esperar una cosecha diferente sembrando siempre lo mismo.
Si no te gusta la cosecha, revisá la semilla.
Isaac siguió avanzando y la Biblia muestra que Dios lo prosperó:
“El hombre se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso.”
Génesis 26:13
La obediencia de hoy puede convertirse en la cosecha de mañana.
2. LA BUENA SEMILLA NO EVITA LA OPOSICIÓN
Isaac obedeció a Dios, sembró y prosperó.
Pero después de la cosecha apareció la oposición.
Los filisteos comenzaron a tenerle envidia y taparon los pozos que habían sido abiertos en los días de Abraham.
Isaac estaba haciendo lo correcto y, aun así, encontró oposición.
Esto nos enseña algo importante:
La oposición no significa que Dios te abandonó.
Tampoco significa necesariamente que tomaste una decisión equivocada.
Isaac abrió un pozo y encontró contienda.
Lo llamó Esek, que significa contienda.
Abrió otro y encontró oposición.
Lo llamó Sitna.
Pero Isaac siguió caminando.
Siguió cavando.
Siguió creyendo.
Hasta que finalmente encontró un lugar donde pudo establecerse y dijo:
“Porque ahora Jehová nos ha prosperado, y fructificaremos en la tierra.”
Génesis 26:22
Lo llamó Rehobot, que significa lugar amplio.
Hay momentos en los que vas a sembrar correctamente y aun así vas a encontrar oposición.
Pero un pozo tapado no significa una promesa cancelada.
No hagas de la oposición tu hogar.
Seguí caminando.
Seguí creyendo.
Seguí haciendo lo correcto.
Después de la oposición, Dios todavía puede prepararte un lugar espacioso.
La historia no termina en Esek.
No termina en Sitna.
Hay un Rehobot adelante.
3. LA BUENA SEMILLA REFLEJA A CRISTO EN NOSOTROS
Dios quiere bendecir nuestras familias, nuestro trabajo, nuestros proyectos, nuestras relaciones y todo aquello que ponemos en Sus manos.
Pero hay una pregunta que debemos hacernos:
¿Para qué queremos la cosecha?
No se trata solamente de tener más.
No se trata solamente de acumular.
No se trata solamente de estar cómodos.
Dios quiere que la cosecha que produce en nosotros también sea una bendición para otros.
Pablo dice:
“Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.”
2 Corintios 9:8
La buena semilla no siempre es solamente lo que hacemos o lo que damos.
Muchas veces, la buena semilla somos nosotros mismos.
Jesús dijo:
“Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”
Juan 12:24
Jesús es la semilla perfecta que entregó Su vida para producir fruto.
Y también nosotros necesitamos permitir que ciertas cosas mueran para que Cristo pueda crecer en nosotros.
- Nuestro orgullo.
- Nuestra terquedad.
- La necesidad de tener siempre la razón.
- El egoísmo.
- Los deseos que nos alejan de Dios.
Pablo expresa este deseo diciendo:
“Hasta que Cristo sea formado en vosotros.”
Gálatas 4:19
La mejor cosecha no es solamente lo que Dios pone en nuestras manos.
La mejor cosecha es en lo que Dios nos transforma.
Cuando Cristo se refleja en nuestra vida, nuestra cosecha también comienza a bendecir a otros.
MUCHO MÁS
La historia de Isaac nos recuerda que no necesitamos esperar condiciones perfectas para obedecer a Dios.
No siembres según lo que ves.
Sembrá según lo que Dios dijo.
Puede haber hambre, pero seguí sembrando.
Puede haber oposición, pero seguí caminando.
Puede haber pozos tapados, pero seguí cavando.
La historia no termina en la dificultad.
Hay más adelante.
Mucho más de lo que vimos.
Mucho más de lo que imaginamos.
Pero, sobre todo:
Mucho más de Cristo en nosotros.
Isaac comenzó en una tierra de hambre, pero terminó viendo la fidelidad de Dios.
Y nosotros también podemos confiar:
Dios está con nosotros.
Dios nos sostiene.
Dios todavía tiene mucho más.
“No siembres según lo que ves. Sembrá según lo que Dios dijo.”