“Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios.”
Hechos 7:54-56
Hay esfuerzos que nadie aplaude.
Levantarte todos los días y seguir. Perdonar aunque todavía duela. Elegir hacer las cosas bien cuando nadie está mirando. Cuidar a alguien, trabajar cansado, renunciar a algo por amor, volver a intentarlo después de haber fallado. Hay cosas que quizás nadie nota y que incluso pueden parecer pequeñas, pero que requieren muchísimo de nosotros.
Y a veces aparece una pregunta: ¿vale la pena?
Esteban probablemente podría haberse hecho esa pregunta. Estaba siendo acusado, rechazado y finalmente apedreado por hablar de Jesús. Humanamente, parecía que todo lo que había hecho terminaba ahí. Sin embargo, en medio de ese momento, levantó la mirada y vio algo que los demás no podían ver: Jesús estaba de pie.
No sabemos exactamente qué significaba ese gesto, pero la imagen es hermosa. Mientras todos a su alrededor estaban viendo la muerte de Esteban, él estaba viendo a Jesús.
Y eso cambia la manera de entender la fidelidad. Porque muchas veces queremos ver el resultado de lo que hacemos. Queremos saber que valió la pena, que alguien lo notó, que aquello por lo que luchamos finalmente dio fruto. Pero no siempre vamos a tener esa oportunidad.
Esteban nunca supo que entre quienes presenciaron su muerte estaba Saulo. Tampoco llegó a ver en quién se convertiría después. Aquel hombre que estaba allí participando de la persecución terminaría siendo Pablo, uno de los grandes anunciadores del evangelio. Esteban murió sin conocer esa parte de la historia.
Y quizás eso también nos pasa.
Podemos pasar años haciendo cosas cuyo fruto nunca llegaremos a ver. Una conversación que tuvimos con alguien puede quedarse dando vueltas en su corazón durante años. Una decisión correcta puede afectar a nuestra familia más adelante. Una oración puede ser respondida cuando ya ni siquiera recordamos haberla hecho. Un acto de amor puede cambiar una vida sin que jamás nos enteremos.
Por eso no todo lo importante tiene que ser visible.
Dios ve ese esfuerzo que nadie reconoce. Ve las veces que elegiste hacer lo correcto cuando era más fácil hacer lo contrario. Ve las veces que seguiste confiando aun cuando estabas cansado. Ve lo que entregaste, lo que soltaste y aquello que hiciste simplemente porque entendiste que era lo correcto delante de Él.
Quizás hoy estás en una etapa en la que todavía no ves resultados. No sabés para qué sirvió todo ese esfuerzo ni hacia dónde está llevando. Pero no significa que no esté pasando nada.
Seguir siendo fiel también es avanzar.
Y quizás eso sea suficiente por hoy: levantar la mirada, recordar que Jesús está ahí y seguir dando el próximo paso.
Oración:
Jesús, gracias porque ves lo que muchas veces nadie más ve. Ves mi esfuerzo, mis luchas y también esas pequeñas decisiones que tomo cada día para seguirte. Cuando me canse y sienta que nada de lo que hago tiene sentido, ayudame a levantar la mirada y recordar que vos estás ahí. Enseñame a ser fiel incluso cuando no vea resultados y a confiar en que mi vida puede tener un impacto que quizás nunca llegue a conocer. Quiero seguir caminando con vos, aun cuando no vea todo el camino.

