Santiago 1:19
“Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse.”
A veces reaccionamos antes de pensar.
Nos enojamos rápido, respondemos sin escuchar y después nos arrepentimos de lo que dijimos.
Pero este versículo nos enseña algo importante: primero escuchar, después hablar.
Cuando Santiago dice “todos”, significa que esta enseñanza es para cada uno de nosotros, no hay excepción.
Escuchar no es lo mismo que oír. Oír pasa automáticamente. Escuchar es una decisión.
Escuchar significa prestar atención, intentar entender al otro y no pensar solamente en lo que vamos a responder.
Muchas veces estamos tan apurados por hablar que dejamos de escuchar de verdad.
Lentos para hablar:
Ser lentos para hablar no significa quedarse callados siempre.
Significa pensar antes de reaccionar.
Cuando algo nos duele o nos molesta, podemos preguntarnos:
- ¿Estoy reaccionando o estoy respondiendo con sabiduría?
- ¿Lo que voy a decir va a ayudar o va a lastimar?
- ¿Estoy dejando que mis emociones hablen por mí?
A veces una pausa puede evitar una pelea, una herida o una palabra de la que después nos arrepentimos.
Lentos para enojarse:
Todos nos enojamos.
Pero no todo enojo tiene que controlar nuestras acciones.
Cuando las cosas no salen como queremos, cuando alguien nos decepciona o cuando vivimos situaciones inesperadas, es fácil reaccionar rápido.
Jesús quiere enseñarnos a responder con paciencia y dominio propio.
Permitamos que Dios transforme nuestra manera de escuchar, hablar y reaccionar.
Para pensar hoy:
- ¿Estoy escuchando de verdad a las personas?
- ¿Reacciono rápido cuando algo me molesta?
- ¿Qué área necesita trabajar Dios en mi corazón?
Oración:
Jesús, reconozco que muchas veces me cuesta escuchar, pensar antes de hablar y controlar mi enojo.
Ayudame a tener un corazón paciente y sabio.
Enseñame a escuchar con atención, a hablar con amor y a reaccionar como vos lo harías.
Gracias porque con vos no quedo igual.

