“Entonces decidí ver qué de bueno ofrecen los placeres, pero tampoco a esto le encontré sentido.”
Eclesiastés 2:1
Hay cosas que prometen hacernos felices, pero no logran llenar el vacío que llevamos dentro.
Salomón tenía recursos, oportunidades y acceso a todo lo que muchos desean. Sin embargo, después de probarlo todo, llegó a una conclusión: nada de eso podía darle un propósito verdadero.
Y aunque su historia ocurrió hace miles de años, sigue siendo muy parecida a la nuestra.
Lo que parece llenar, muchas veces vacía.
A veces buscamos satisfacción en cosas que nos hacen sentir bien por un momento.
Una compra.
Una distracción.
Una relación.
Un logro.
Un hábito que parece inofensivo.
Por un instante sentimos que encontramos lo que necesitábamos.
Pero después vuelve la misma sensación: ¿Y ahora qué?
Porque aquello que fue creado para entretenernos nunca podrá ocupar el lugar que solo Dios puede llenar.
Muchas veces repetimos patrones esperando resultados diferentes.
Volvemos a lo mismo que ya nos dejó vacíos. Buscamos paz donde antes encontramos frustración. Corremos detrás de cosas que prometen mucho, pero entregan poco.
Y sin darnos cuenta terminamos atrapados en círculos que nos cansan, nos desgastan y nos alejan del propósito que Dios tiene para nosotros.
Jesús cambia nuestra manera de mirar
Cuando Jesús entra en nuestra vida, no solamente cambia nuestro destino. También transforma nuestra perspectiva.
Empezamos a valorar cosas que antes pasaban desapercibidas:
Las personas.
Los pequeños momentos.
La familia.
La presencia de Dios.
Las oportunidades para amar y servir.
Lo que antes parecía normal comienza a tener un valor diferente.
Jesús no vino solamente a perdonar nuestro pasado. Vino a darnos una vida nueva.
Una vida con esperanza.
Con dirección.
Con propósito.
Por eso nuestra satisfacción más profunda no se encuentra en lo que tenemos, sino en Aquel a quien pertenecemos.
¿Qué estoy buscando para llenar mi corazón?
¿Hay algo que estoy esperando que me dé lo que solo Dios puede dar?
¿Estoy viviendo con un sentido o simplemente repitiendo rutinas?
Oración:
Jesús, gracias porque vos sos mucho más que una solución momentánea para mi vida. Gracias porque me ofrecés una esperanza real y un propósito eterno. Ayudame a no buscar satisfacción en cosas pasajeras ni a depender de aquello que nunca podrá llenar mi corazón por completo.
Quiero encontrarte a Vos cada día y aprender a vivir desde Tu amor, Tu verdad y Tu propósito. Gracias porque transformás mi historia y me mostrás una vida nueva.
Amén.

