Llegamos al final de esta serie: “Invitaciones.”
Durante todo el mes vimos algo poderoso: Jesús invitando personas.
Invitando a seguirlo.
Invitando a amar. Invitando a caminar en comunidad.
Pero hoy queremos cerrar esta serie con una verdad que puede cambiar nuestra vida: Dios sigue buscando personas que le digan sí.
Porque el Reino de Dios siempre avanzó a través de personas disponibles.
No perfectas. Disponibles.
Dios buscó un sí en Abraham.
Buscó un sí en Moisés.
Buscó un sí en María.
Buscó un sí en Pedro.
Buscó un sí en discípulos comunes.
Y sigue haciéndolo hoy.
Porque muchas veces creemos que Dios busca capacidad. Pero Dios primero busca disponibilidad.
Nunca subestimes lo que Dios puede hacer con un sí.
Y Jesús termina dando una invitación tremenda:
"Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo."
No es solamente:
“Crean.”
“Reciban.”
“Sean bendecidos.”
Ahora es:
“Vayan.”
Porque lo que Dios hizo en nosotros, no termina en nosotros.
Fuimos alcanzados para alcanzar.
Hay 3 verdades sobre nuestro SÍ a Jesús.
1. TU SÍ TIENE PROPÓSITO
Efesios 2:10 (NVI)
Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.
Qué importante entender esto.
Dios no te salvó para que sobrevivas. Te salvó con un propósito.
Porque el evangelio no se trata solamente de llegar al cielo un día. Se trata de descubrir para qué Dios nos puso en esta tierra.
Y algo poderoso del Reino es que Dios nunca desperdicia nada.
Ni siquiera nuestros procesos.
Ni siquiera nuestras temporadas difíciles.
Ni siquiera nuestras heridas.
Porque cuando Dios sana una vida, nunca lo hace solamente por esa persona.
Cuando Dios restaura, hay propósito.
Cuando Dios levanta a alguien, hay propósito.
Cuando Dios transforma una historia, hay propósito.
Y quizás hubo momentos donde pensaste:
"¿Por qué tuve que pasar por esto?"
"¿Por qué Dios permitió esta temporada?"
Y muchas veces recién entendemos el propósito cuando Dios usa nuestra historia para tocar a alguien más.
Porque hay personas que necesitan escuchar que se puede salir.
Que se puede volver a empezar.
Que Dios todavía restaura.
Que Dios todavía sana.
Que Dios todavía levanta personas rotas.
Y muchas veces el mensaje más poderoso no es una prédica. Es una vida transformada.
2 Corintios 1:4 (NVI)
“Él nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.”
Dios te sana y después usa esa sanidad para tocar a otros.
Dios te restaura y después usa tu restauración para levantar a otros.
Lo que Dios hizo en vos, no termina en vos.
Porque tu testimonio puede convertirse en esperanza para alguien más.
Tus heridas sanadas pueden abrir puertas para otros.
Tu proceso puede animar a otros.
Tu historia puede acercar personas a Jesús.
Y quizás hoy no dimensionás todo lo que Dios puede hacer con tu vida rendida.
Pablo entendió algo:
Su historia ahora tenía propósito.
Su vida era evidencia viva de la gracia de Dios.
Y quizás pensabas:
"¿Qué puede hacer Dios conmigo?"
Pero Dios ama usar personas comunes.
Porque el Reino nunca avanzó por gente perfecta. Avanzó por gente que dijo sí.
2. TU SÍ PUEDE TOCAR GENERACIONES
Pablo mira la vida de Timoteo y puede ver una fe que viene pasando de generación en generación.
Una abuela.
Una madre.
Y ahora un hijo espiritual firme en Dios.
Porque un sí genuino nunca afecta solamente a una persona.
Y esto es importante entenderlo:
Hay decisiones espirituales que cambian historias enteras.
Hay personas que hoy aman a Jesús porque alguien antes decidió decirle sí a Dios.
Alguien oró.
Alguien permaneció.
Alguien abrió su casa.
Alguien se mantuvo firme.
Alguien decidió no rendirse.
Y quizás hoy no dimensionás todo lo que puede provocar un corazón rendido a Dios.
Porque tu sí puede tocar:
Tu familia.
Tus hijos.
Tus amigos.
Tu facultad.
Tu trabajo.
Personas que todavía ni conocés.
Hechos 16:31 (NVI)
—Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos —contestaron.
Dios siempre piensa más grande de lo que nosotros vemos.Nosotros vemos una persona.
Dios ve generaciones. Nosotros vemos una decisión.
Dios ve un legado espiritual.
Y algo increíble del Reino es que muchas veces el impacto más grande de nuestro sí lo terminamos viendo años después.
Cuando vemos hijos amando a Dios.
Cuando vemos amistades acercándose a Jesús.
Cuando vemos personas restauradas.
Cuando vemos familias transformadas.
Salmos 145:4 (NVI)
“Cada generación contará a la siguiente de tus poderosas obras…”
Ese siempre fue el corazón de Dios.
Que una generación encienda a otra.
Que la fe no termine con nosotros.
Que otros puedan conocer a Jesús porque nosotros decidimos permanecer fieles.
Tu obediencia puede convertirse en herencia espiritual para otros.
Nunca subestimes el impacto de una vida rendida a Dios.
Porque hay personas que van a conocer a Jesús gracias al sí que hoy decidas dar.
3. TU SÍ PUEDE GENERAR UN NUEVO MOVER DE DIOS
Isaías 6:8 (NVI)
“Entonces oí la voz del Señor que decía: ‘¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?’ Y respondí: ‘Aquí estoy. Envíame a mí.’”
Dios estaba buscando alguien disponible.
Y un sí abrió una historia nueva.
Porque algo que vemos una y otra vez en la Biblia es que Dios muchas veces no empieza con multitudes. Empieza con una persona disponible.
Un Abraham.
Un David.
Una Ester.
Doce discípulos.
Un aposento alto lleno de personas hambrientas de Dios.
Muchas veces nosotros pensamos que para que Dios nos use tenemos que ser perfectos.
Pero Dios no busca perfección. Busca disponibilidad.
Porque el Reino nunca avanzó por gente que lo tenía todo resuelto.
Avanzó por personas que dijeron:
“Acá estoy Señor.”
Y quizás algunos hoy piensan:
"Soy muy común."
"No tengo mucho para ofrecer."
"No sé suficiente."
"Todavía me falta demasiado."
Pero Dios es experto en usar lo improbable.
Moisés tenía miedo.
Jeremías decía que era muy joven.
Pedro era impulsivo.
Los discípulos eran personas comunes.
Y aun así Dios los usó para cambiar la historia.
Porque cuando una persona realmente se rinde a Dios el cielo empieza a tocar la tierra.
Un sí puede abrir una célula.
Un sí puede alcanzar una familia.
Un sí puede traer salvación a amigos.
Un sí puede encender una generación.
Un sí puede iniciar un nuevo mover de Dios.
Hechos 2:17 (NVI)
“Derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano…”
Dios sigue buscando personas disponibles para derramar Su Espíritu.
Personas que amen a Jesús.
Personas que amen las almas.
Personas que estén dispuestas a hacer la diferencia.
Personas que no quieran solamente asistir a la iglesia sino ser parte de lo que Dios está haciendo.
Y quién sabe si el próximo mover de Dios no empieza en personas comunes que simplemente deciden rendirse completamente a Él.
Quién sabe si empieza:
En un grupo de conexión.
En una oración sencilla.
En una conversación con un amigo.
En alguien que decidió dejar de poner excusas.
En una persona que hoy decide decirle sí a Jesús.
Dios no busca perfección, busca disponibilidad.
Nunca subestimes lo que Dios puede hacer con un sí.
El cielo puede tocar la tierra a través de una persona rendida a Dios.
Un sí puede abrir la puerta a un mover de Dios.
Y hoy al cerrar esta serie la invitación de Jesús sigue estando sobre la mesa.
“¿Habrá alguien dispuesto?”
“¿Habrá alguien que diga sí?”
“¿Habrá alguien que quiera hacer la diferencia?”
Porque el evangelio nunca termina en nosotros.
Fuimos alcanzados para alcanzar.
Y quizás hoy tu sí puede empezar algo que todavía no imaginás.
Un cambio en tu familia.
Un nuevo propósito.
Una restauración.
Una célula.
Un ministerio.
Una persona más cerca de Jesús.
Un mover de Dios.

