Lo que tenés en tus manos| Mensaje #1 de Julio

Escrito el 06/07/2026
Iglesia El Cielo Aquí

Jueces 3:31"Después de Aod vino Samgar hijo de Anat, el cual mató a seiscientos hombres de los filisteos con una aguijada de bueyes; y él también salvó a Israel."

A lo largo de la Biblia encontramos personas cuya historia ocupa capítulos enteros. Sin embargo, también encontramos otras que aparecen solo una vez y, aun así, Dios las usó de manera extraordinaria.

Ese es el caso de Samgar.

De él conocemos muy poco. No se mencionan grandes detalles sobre su vida, su familia o su trayectoria. Solo un versículo registra su historia, pero fue suficiente para dejar una huella eterna.

Esto nos recuerda una verdad importante:

Dios no mide la importancia de una persona por la cantidad de reconocimiento que recibe, sino por su fidelidad para obedecerle.

La historia de Samgar nos enseña tres grandes principios acerca de cómo obra Dios.

1. Dios usa a personas que nadie esperaba

Samgar no era el perfil que cualquiera hubiera elegido.

Su origen es incierto, no era un líder reconocido, no era sacerdote ni militar, y aparece una sola vez en toda la Escritura.

Sin embargo, Dios lo escogió para traer liberación a Israel.

Esta es una constante en toda la Biblia.

Abraham era anciano.

Moisés creía que no sabía hablar.

David fue el hijo que nadie consideró.

Pedro era impulsivo.

Mateo era un cobrador de impuestos rechazado por su pueblo.

Y, aun así, Dios los llamó y los usó.

1 Corintios 1:27-29 "Lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte."

Dios actúa de esta manera para que toda la gloria sea para Él.

Mientras las personas suelen valorar la apariencia, la experiencia o el reconocimiento, Dios mira el corazón.

 "El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón."

1 Samuel 16:7

Muchas veces pensamos que Dios solo puede usar a quienes tienen más preparación, más experiencia o mayores capacidades.

Sin embargo, la pregunta de Dios nunca ha sido: "¿Tenés el perfil adecuado?"

La verdadera pregunta es: "¿Estás dispuesto?"

Dios sigue tomando personas comunes para cumplir propósitos extraordinarios.

Jesús mismo fue rechazado por muchos porque no cumplía las expectativas humanas acerca del Mesías.

"No hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos."

Isaías 53:2 

El mundo esperaba otra clase de Salvador, pero Dios mostró que su poder no depende de las apariencias.

2. Dios usa lo que ya puso en tus manos

Samgar no tenía una espada ni un ejército.

Tenía una aguijada de bueyes, una herramienta común utilizada para el trabajo diario.

Lo que parecía insignificante se convirtió en un instrumento de liberación cuando fue puesto en las manos de Dios.

Este principio aparece repetidamente en las Escrituras.

Cuando Dios llamó a Moisés, no comenzó dándole algo nuevo.

Le preguntó:

 "¿Qué es eso que tienes en tu mano?" 

Éxodo 4:2

Moisés respondió: "Una vara."

Con esa misma vara Dios obró milagros extraordinarios.

También ocurrió cuando un muchacho ofreció cinco panes y dos peces.

"Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos." 

Juan 6:9

Aquello que parecía insuficiente fue multiplicado por Jesús para alimentar a miles.

El problema muchas veces no es la falta de recursos, sino pensar que Dios no puede hacer algo con lo que ya tenemos.

Cada persona posee algo que Dios puede usar:

  • Su familia.
  • Su trabajo.
  • Sus dones.
  • Sus habilidades.
  • Su tiempo.
  • Sus relaciones.

El Reino de Dios no se construye únicamente desde un púlpito.

También se construye en el hogar, en el trabajo, en la escuela, en la universidad y en cada espacio donde vivimos nuestra fe.

Jesús mismo dignificó lo cotidiano.

Durante gran parte de su vida trabajó en el anonimato antes de comenzar su ministerio público.

Y en la última cena tomó elementos simples, como el pan y el vino, para convertirlos en símbolos eternos de su gracia y su redención.

Dios suele hacer cosas extraordinarias a través de lo ordinario.

3. Dios honra la obediencia más que los recursos

Samgar no esperó tener mejores herramientas ni condiciones ideales.

Actuó con lo que tenía.

La diferencia no estuvo en la aguijada.

La diferencia estuvo en su obediencia.

A lo largo de la Biblia vemos el mismo principio.

"Por la fe Abraham... obedeció."

 Hebreos 11:8

Abraham dio el primer paso antes de conocer todo el camino.

También Pedro obedeció cuando Jesús le pidió volver a echar las redes.

"En tu palabra echaré la red."

 Lucas 5:5

La obediencia abrió la puerta al milagro.

Con frecuencia esperamos sentirnos completamente preparados antes de responder al llamado de Dios.

Esperamos tener más tiempo, más recursos, más conocimiento o mejores circunstancias.

Sin embargo, la fe casi siempre comienza con un paso de obediencia.

Muchas veces ese paso consiste en:

  • Perdonar.
  • Servir.
  • Compartir el Evangelio.
  • Restaurar una relación.
  • Vivir con integridad.
  • Poner nuevamente a Dios en el centro de la vida.

Las grandes historias de fe suelen comenzar con pequeñas decisiones de obediencia.

"El obedecer es mejor que los sacrificios." 

1 Samuel 15:22

Dios valora más un corazón dispuesto que una vida llena de recursos.

Los recursos pueden impresionar a las personas, pero la obediencia agrada a Dios.

Lo que tenemos en nuestras manos es importante, pero aún más importante es decidir ponerlo al servicio de su propósito.

Samgar aparece en un solo versículo.

Sin embargo, ese único acto de obediencia fue suficiente para cambiar la historia de una nación.

Probablemente comenzó aquel día como cualquier otro, con la misma herramienta y las mismas responsabilidades de siempre.

Pero decidió obedecer a Dios.

Y una decisión cotidiana se convirtió en una historia eterna.

Las grandes obras del Reino rara vez comienzan en escenarios extraordinarios.

Comienzan cuando una persona común responde con un "sí" a Dios.

Quizás hoy sientas que no tenés suficiente experiencia, preparación o recursos.

Pero Dios no comienza preguntando qué te falta.

La pregunta sigue siendo la misma:

¿Qué puso Dios en tus manos?

Tal vez sea una conversación pendiente.

Un don que has dejado de usar.

Una oportunidad para servir.

Una persona que necesita escuchar de Jesús.

Una decisión que hace tiempo sabes que debes tomar.

Dios continúa llamando a personas comunes para cumplir propósitos extraordinarios.

Dios no está buscando personas perfectas; está buscando personas dispuestas a obedecer con lo que ya puso en sus manos.