Vivimos en una cultura donde sentimos que tenemos que demostrar cuánto valemos: en el trabajo, los estudios, las redes o el deporte. Como si nuestro valor dependiera de nuestros resultados.
Pero también hay personas que viven intentando demostrar que valen porque un día alguien les hizo sentir que no.
Jefté el galaadita era un guerrero valiente, hijo de Galaad y de una prostituta. Galaad también tuvo hijos con su esposa, quienes cuando crecieron echaron a Jefté. «No tendrás parte en la herencia de nuestra familia —dijeron—, porque eres hijo de otra mujer». Entonces Jefté huyó de sus hermanos y se fue a vivir en la región de Tob, donde se le juntaron unos hombres sin escrúpulos, que salían con él a cometer fechorías.
Jueces 11:1-3 NVI
Jefté fue rechazado por su propia familia. Lo marcaron con una etiqueta y lo hicieron sentir que no pertenecía. Todos conocemos ese tipo de heridas: palabras, rechazos, traiciones o fracasos que intentan definir quiénes somos.
Su historia nos deja tres decisiones para no vivir presos de nuestras cicatrices.
1. SOLTAR EL PASADO
Muchas veces seguimos viviendo desde lo que otros dijeron de nosotros o desde nuestros propios errores. Pero Dios no nos llama por nuestras etiquetas, sino por el propósito que preparó para nuestra vida.
"Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta..."
Filipenses 3:13-14
"No se acuerden de las cosas pasadas... He aquí que yo hago cosa nueva."
Isaías 43:18-19
"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas."
2 Corintios 5:17
En Cristo nuestra identidad ya no está definida por el pasado, sino por lo que Él hizo por nosotros.
2. ABRAZAR LA CRUZ
Años después, los mismos que rechazaron a Jefté volvieron a buscarlo.
"Los ancianos de Galaad fueron para hacer volver a Jefté de la tierra de Tob. Y dijeron a Jefté: Ven, y serás nuestro jefe, para que peleemos contra los hijos de Amón."
Jueces 11:5-6
Muchas veces vivimos intentando demostrar que valemos, pero ningún logro sana el corazón.
La cruz no solo perdona nuestros pecados; también termina con la necesidad de demostrar nuestro valor.
"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros."
Romanos 5:8
"Despreciado y desechado entre los hombres... Mas él herido fue por nuestras rebeliones..."
Isaías 53:3-5
Jesús cargó con nuestro rechazo para que nosotros pudiéramos recibir la aceptación del Padre.
3. CAMINAR EN NUESTRO LLAMADO
Dios no solo quiso sanar el pasado de Jefté; quiso usar su vida para liberar a un pueblo.
"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."
Efesios 2:10
"A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien."
Romanos 8:28
Dios puede transformar incluso las heridas más profundas en una herramienta para bendecir a otros.
Jesús también nos envía a vivir ese propósito.
"Como me envió el Padre, así también yo os envío."
Juan 20:21
Cuando entendemos quiénes somos en Cristo, dejamos de vivir intentando demostrar nuestro valor y empezamos a caminar en el propósito para el que fuimos llamados.
Soltá el pasado. Abrazá la cruz. Caminá en el llamado que Dios tiene para tu vida. Porque en Cristo, todavía hay algo más.

