“Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud.”
Colosenses 2:6-7
Cuando miramos un árbol, normalmente vemos lo que está arriba: el tronco, las ramas, las hojas y los frutos.
Pero existe una parte enorme que permanece escondida: sus raíces.
Y hay algo importante: un árbol no puede crecer hacia arriba más de lo que puede sostener hacia abajo.
Muchas veces pensamos que lo importante es cuánto estamos creciendo, cuánto estamos haciendo o cuánto fruto estamos produciendo. Pero gran parte de lo que sostiene nuestra vida está sucediendo en un lugar que nadie puede ver.
Y esto también ocurre con nosotros.
Podemos aprender a vernos bien por fuera. Podemos servir, congregarnos, liderar, predicar, tener proyectos y hacer muchas cosas para Dios.
Pero existe una pregunta más profunda: ¿Qué está pasando debajo?
Tarde o temprano, la vida trae viento.
Y cuando llega el viento, no importa solamente cuánto había crecido el árbol. Importa dónde estaban sus raíces.
Si creemos que Dios tiene mucho más para nosotros, necesitamos estar preparados para sostener aquello que Él quiere hacer.
Y para eso necesitamos desarrollar raíces profundas.
1. LAS RAÍCES NECESITAN ESTAR PLANTADAS EN EL LUGAR CORRECTO
Pablo dice:
“Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud.”
Colosenses 2:6-7
Pablo utiliza una imagen agrícola: “arraigados en él.”
No se trata solamente de conocer más, hacer más o esforzarnos más.
Se trata de estar arraigados en Cristo.
Porque no alcanza con tener raíces profundas. Necesitamos tenerlas en el lugar correcto.
Una raíz puede ser profunda y, aun así, estar mal ubicada.
Podemos estar profundamente arraigados en nuestra carrera, nuestro trabajo, una relación, nuestra familia, nuestras capacidades, nuestro dinero o incluso nuestro ministerio.
Pero Pablo dice: “En él.”
Nuestra raíz tiene un lugar específico: Cristo.
Por eso, Jesús no puede ser solamente el lugar al que acudimos cuando tenemos un problema.
Cristo es el lugar desde donde vivimos.
No se trata solamente de visitar a Jesús de vez en cuando, sino de construir nuestra vida sobre Él.
2. LAS RAÍCES NECESITAN LLEGAR A LA FUENTE CORRECTA
No solamente importa dónde está plantado un árbol.
También importa qué está alcanzando con sus raíces.
Jeremías dice:
“Bendito el hombre que confía en el Señor, y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente.”
Jeremías 17:7-8
La imagen es clara: “Extiende sus raíces hacia la corriente.”
El árbol está plantado, pero sus raíces siguen buscando aquello que le da vida.
De la misma manera, podemos estar en el lugar correcto y, aun así, buscar alimento en otros lugares.
Nuestra vida espiritual necesita llegar constantemente a la fuente correcta.
Necesitamos acercarnos a la Palabra de Dios.
Necesitamos buscar Su presencia.
Necesitamos desarrollar una vida de oración.
Necesitamos depender del Espíritu Santo.
Porque no solamente importa dónde estás plantado. Importa de qué te estás nutriendo.
Aquello que alimenta nuestras raíces, tarde o temprano, se verá en nuestros frutos.
Por eso vale la pena preguntarnos: ¿Qué está alimentando mi interior?
Lo que vemos, escuchamos, pensamos y permitimos entrar en nuestro corazón va formando nuestra manera de vivir.
Podemos recibir algo de Dios en una reunión, pero nuestras raíces necesitan seguir conectadas a Él durante toda la semana.
Nuestra vida espiritual no puede depender solamente de lo que recibimos ocasionalmente.
Necesitamos permanecer cerca de la fuente.
3. LAS RAÍCES NECESITAN PERMANECER CONECTADAS A LA FUENTE
Podemos estar plantados en el lugar correcto y haber encontrado la fuente correcta.
Pero todavía hay algo fundamental: Permanecer.
Jesús dijo:
“Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.”
Juan 15:4-5
La rama tiene vida mientras permanece conectada a la vid.
Por eso, no alcanza con haber estado conectados.
No alcanza con haber tenido una experiencia con Dios.
No alcanza con haber conocido a Jesús hace años. Tenemos que permanecer.
Permanecer significa seguir conectados a Cristo cuando termina la reunión y comienza el lunes.
Cuando nadie nos mira. Cuando estamos cansados. Cuando no entendemos lo que Dios está haciendo.
Cuando la respuesta todavía no llegó. Ahí también permanecemos.
Es fácil sentirnos conectados cuando todo está bien. Pero nuestras raíces se hacen visibles cuando llegan las dificultades y las circunstancias comienzan a moverse.
Jesús sabía que sus discípulos atravesarían momentos de confusión, miedo y preguntas. Por eso les enseñó a volver constantemente a Él.
Recordar a Jesús no significa solamente mirar hacia atrás. Recordar a Jesús es volver a la fuente.
Quizás hoy no necesitás empezar de cero.
Quizás necesitás volver a conectarte profundamente con Cristo.
El mismo Jesús que te sostuvo hasta acá sigue siendo la fuente para lo que viene.
Y si estamos creyendo por mucho más, necesitamos entender que ese mucho más no comienza solamente haciendo más cosas.
Comienza permaneciendo más en Él.
Jesús lo dejó claro:
“Así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.”
Juan 15:5
A veces pensamos que mucho más significa algo más grande, más visible o más impresionante.
Pero muchas veces, antes de crecer hacia arriba, necesitamos crecer hacia abajo.
Más profundidad.
Más dependencia.
Más presencia.
Más Cristo.
Las raíces profundas no siempre son visibles, pero son las que sostienen el árbol cuando llega el viento.
De la misma manera, nuestra relación con Cristo puede no ser visible para todos, pero será lo que nos sostenga cuando lleguen las pruebas, las responsabilidades, las oportunidades y las temporadas de cambio.

